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PRISON ORCHESTRA OFFERS HOPE TO A MALAYSIAN DETAINEE IN VENEZUELA

17 December 2008 1 views

AN ARTICLE FROM INTERNATIONAL HERALD TRIBUNE

Prison orchestras offer hope in Venezuela

By Simon Romero                    Published: June 22, 2008

 

When Nurul Asyiqin Ahmad was delivered seven months ago to her cell at the National Institute for Feminine Orientation, a prison perched on a hill in this city of slums on the outskirts of Caracas, learning how to play Beethoven was one of the last things on her mind.

"The despair gripped me, like a nightmare had become my life," said Ahmad, 26, a shy law student from Malaysia who claims she is innocent of charges of trying to smuggle cocaine on a flight from Caracas to Paris. "But when the music begins, I am lifted away from this place." Ahmad plays violin and sings in the prison's orchestra.

In a project extending Venezuela's renowned system of youth orchestras to some of the most hardened prisons in the country, Ahmad and hundreds of other prisoners are learning a repertoire that includes Beethoven's Ninth Symphony, folk songs from the Venezuelan plains and Mercedes Sosa's classic lullaby "Duerme Negrito."

The budding musicians include murderers, kidnappers, thieves, and here at the women's prison, dozens of "narcomulas," or drug mules, as small-scale drug smugglers are called. The project, which began a year ago, is expanding this year to five prisons in Venezuela from three.

"This is our attempt to achieve the humanization of prison life," said Kleiberth Lenin Mora, 32, a lawyer who helped create the prison orchestras, modeling them on the system that teaches tens of thousands of poor children in Venezuela classical music. "We start with the simple idea that performing music lifts the human being to another level."

Few nations have prison systems as much in need of humanizing as Venezuela, where 498 inmates out of a total population of 21,201 were murdered in 2007, according to the Venezuelan Prison Observatory, a group that monitors prison violence.

The women's prison, the scene of gang fights and hunger strikes by inmates in recent months, is not immune to this violence. But it is not all bleak. Inmates have free access to the Internet. They can pay to use cellphones. A dispensary sells soft drinks and snack food.

And now the prison, known as INOF, for its Spanish acronym, has its orchestra, which most of the more than 300 women incarcerated here opt to avoid. But the 40 or so who have joined find themselves enmeshed in an experience unexpected in their lives in or out of prison.

Officials say it is too early to tell whether the project will improve overall conditions here and at the two male prisons where it started, in the Andean states of Mérida and Táchira. No stars have emerged like Gustavo Dudamel, the 27-year-old phenom from the youth orchestra system named as the next music director of the Los Angeles Philharmonic.

For now, the project, which receives $3 million from President Hugo Chávez's government and the Inter-American Development Bank, takes baby steps. It staged its first public performance last month in Teresa Carreño Theater in Caracas. And it focuses on requiring its participants to hew to a few specific rules.

For instance, no one can threaten the professors, many of whom are drawn from the youth orchestra system. Everyone must speak clearly during discussions in the daily practice sessions. Everyone must stand up straight and take care of their instruments. Smoking and chewing tobacco are not allowed.

The orchestra at INOF is one of the most cosmopolitan in Venezuela. Foreigners arrested on drug smuggling charges comprise much of prison population. Women from Colombia, Spain, Malaysia and the Netherlands play instruments or sing in the chorus alongside Venezuelans.

Perhaps no amount of music can make up for such loss. Perhaps that explains the fervor with which some of the women play their instruments or sing. It is not uncommon to see one of them shedding a tear when a certain note is struck.

 

UN ARTÍCULO PUBLICADO EN EL PERIÓDICO INTERNATIONAL HERALD TRIBUNE

 

Las orquestras de prisiones ofrecen esperanza en Venezuela

 

por Simón Romero                                 Publicado: 22 de junio de 2008

 

Cuando Ahmad Nurul Asyiqin fue enviada hace siete meses a su celda en el Instituto Nacional de Orientación Femenina, una prisión encaramada en una colina en los barrios marginales en las afueras de la ciudad de Caracas, aprender a tocar Beethoven era unos de sus últimos pensamientos.

 

“La desesperación se apoderó de mí, mi vida se convirtió en una   pesadilla”, dijo Ahmad, de 26, una tímida estudiante de Derecho de Malasia que afirma que es inocente de los cargos de intento de contrabando de cocaína en un vuelo de  Caracas a París. “Pero cuando la música comienza, me trasporte de este lugar”. Ahmad canta y toca el violín en la orquesta penitenciaria.

 

En un proyecto que se encuentra en expansión  en Venezuela del afamado sistema de orquestas juveniles en las más duras cárceles del país, Ahmad y cientos de otras presas están aprendiendo  repertorios que incluye la Novena Sinfonía de Beethoven,  canciones populares de los llanos venezolanos y la clásica canción de cuna "Duerme Negrito" de Mercedes Sosa.

 

Los músicos incluyen asesinos, secuestradores, ladrones, y aquí en la cárcel de mujeres, docenas de “narco mulas”, aquellos que  traficantes con pequeñas cantidades de drogas. El proyecto, que comenzó hace un año con tres cárceles en Venezuela, está extendiéndose a cinco.

 

“Este es nuestro intento de lograr la humanización de la vida dentro de la cárcel", dijo Kleiberth Lenin Mora, 32, un abogado que ayudó en fundar la orquestas penitenciarias, modelado en el sistema que enseña a decenas de miles de niños pobres en Venezuela música clásica."Empezamos con la simple idea de que la música eleva al ser humano a otro nivel”.

 

Pocas naciones tienen un sistema penitenciario con una gran necesidad de humanización como Venezuela, donde 498 presos de una población total de 21,201 fueron asesinados en 2007, según el Observatorio Venezolano de Prisiones, un grupo que supervisa la violencia en las cárceles.

 

La cárcel de mujeres, escena de peleas entre pandillas y  huelgas de hambre de los reclusos en los últimos meses, no es inmune a esta violencia. Pero no todo es sombrío. Los reclusos tienen acceso libre a Internet. Ellos pueden pagar para utilizar celulares. Un dispensario vende refrescos y bocadillos.


Y ahora la prisión, mejor conocida como INOF, tiene su orquesta, donde la mayoría de más de 300 mujeres encarceladas aquí optan por evitarla. Sin embargo, 40 o más que se han sumado se encuentran atrapadas en una experiencia inusual de su vida dentro o fuera de la cárcel.

 

Los funcionarios dicen que es demasiado pronto para saber si el proyecto mejorará las condiciones generales aquí y en las dos cárceles de hombres donde se inició, en los estados andinos de Mérida y Táchira. No han surgido estrellas como Gustavo Dudamel, un fenómeno de 27 años de edad  del sistema de orquesta juvenil elegido el próximo director musical de la Filarmónica de Los Ángeles.


Por ahora, el proyecto, que recibe 3 millones de dólares del gobierno del Presidente Hugo Chávez y del Banco Interamericano de Desarrollo, está dando pequeños pasos. Su primera aparición pública se organizó el mes pasado en el Teatro Teresa Carreño en Caracas y se centra en que requiere a sus participantes a seguir a unas pocas normas especificadas.

 

Por ejemplo, nadie puede amenazar a los profesores, muchos de los cuales provienen de la del sistema de orquesta juvenil. Todo el mundo debe hablar claramente durante las sesiones de práctica a diario. Todos deben tener una postura correcta y cuidar sus instrumentos. Fumar y mascar tabaco no están permitidos.


La orquesta en el INOF es una de las más cosmopolitas en Venezuela. Los extranjeros detenidos por los cargos de contrabando de droga comprenden gran parte de la población carcelaria. Las mujeres de Colombia, España, Malasia y los Países Bajos, tocar instrumentos o cantan en el coro junto a los venezolanas.


Tal vez no hay una cantidad de música que puede compensar esa pérdida. Quizás eso explica el fervor con que algunas de las mujeres tocan sus instrumentos o cantan. No es raro ver a una de ellas derramar una lágrima cuando tocan una  nota musical.

 

 

 

 

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